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Cada edición de la Peregrinación Juvenil a Pie a Luján moviliza a miles y miles de servidores voluntarios que arman y sostienen los puestos sanitarios, de apoyo y de hidratación a lo largo de más de 60 kilómetros, trabajando día y noche para que la multitud avance segura. Además, están los servidores de cada parroquia u organización que camina, que son quienes planifican cada detalle y ayudan a cada grupo a llegar hasta Luján, en cuestiones como traslados, logística, alimentación, salud y seguridad.
Todos ellos llegan antes, se quedan después y, durante toda la peregrinación, no caminan hacia Luján, sino que permanecen al costado del camino, esperando a quien lo necesite.
Ese gesto tiene un nombre propio en la tradición de “la Pere”: el negro Manuel, el esclavo africana que en 1630 fue testigo del milagro de la Virgen, cuando dos imágenes de la Purísima Concepción de María, traídas desde Brasil, llegaron al puerto de Buenos Aires y desde allí emprendieron viaje a Santiago del Estero. En el camino, las carretas que las transportaban detuvieron su marcha a orillas del río Luján. Pese a los intentos de los bueyes, estos no consiguieron mover las carretas que habían quedado inmovilizadas. Los transportistas se dieron cuenta que al quitar una de las imágenes de la virgen de la carreta, ésta se movía. Por este motivo, la pequeña imagen de 38 centímetros, de terracota pintada, allí se quedó y se convirtió en la Virgen de Luján.
Al negro Manuel se lo recuerda como el primer servidor, aquel que sin que nadie se lo pidiera empezó a asistir a los peregrinos en el camino, movido por una vocación tan espontánea como definitiva. Desde entonces, cada servidor que arma una carpa, cura una ampolla o reparte agua bajo el sol o el frío de la madrugada repite, a su manera, ese mismo gesto fundacional.
Son miles y miles: catequistas, scouts, estudiantes, médicos, enfermeros, vecinos de las localidades que atraviesa la peregrinación. Muchos son, ellos mismos, peregrinos de otros años que un día decidieron cambiar de lugar en el camino. Porque servir, dicen quienes lo hacen, también es una forma de peregrinar: se llega igual a la Virgen, solo que quedándose quieto para que otros puedan seguir.
Todo lo que ofrecen es gratuito y voluntario. La frase que los identifica lo resume mejor que cualquier explicación: «Somos de la Virgen nomás».
A continuación, el testimonio de algunos de ellos:
María Cecilia Campos, 49 años, CABA
“Llega agosto, y mi corazón se acelera. Si bien todavía falta, hay que preparar todo con tiempo, y como si fuera poco es mes de Patronales, mes de Santa Rosa de Lima, así que los días vuelan! Es momento de ponernos en acción, desempolvar las carpetas con archivos, convocar a los de siempre y pensar quien más se puede sumar.
Aunque todos los años digo lo mismo ‘el año que viene no me sumo’, llega la fecha y “la Luji” (como nos gusta llamarla con mi hermana) me llama una vez más.
Ella, como buena madre, sabe como hacerme ver lo que es bueno: mi servicio como “apoyo” no solo es para los peregrinos que con tanta ansiedad salen caminando a su casa, sino también me muestra lo importante que es para mí poder ofrecer mi vida a sus pies y tratar, solo tratar, de asemejarme a ella y a su “SI” incondicional.
Soy parte del Grupo de Apoyo de la Basílica Santa Rosa de Lima y participo de la Pere hace muchos muchos años: la primera vez tenía solo 15 años y, en esa oportunidad, fuimos caminando con Meli (mi prima). Pero desde hace 10 años, activamente en el grupo de apoyo. Siempre secundada por Julio. Somos el “AUTO 1”, famosos por nuestros mapas con todas las indicaciones y marcas posibles, porque el GPS o Google maps ese día no sirve. Yo manejo a la ida y él, a la vuelta. Estamos listos para lo que sea cuando sea. Es un día que vuela, arranca a las 6 AM del sábado y volvemos a casa a las 6 AM del domingo. Cansados.. si, pero con el corazón lleno de gracia por todo lo vivido!
Para el grupo de apoyo la peregrinación empieza unas cuantas semanas antes. En nuestro caso llevamos casi 250 peregrinos, entonces tenemos que estar bien preparados: inscripciones, compras, botiquín, reservar los micros y lugares, sacar cuentas y revisar listas una y mil veces. Todo lo que sea necesario para que la semana de la Pere sea lo más tranquila posible.
Entonces, llega EL día. Todos ansiosos y felices nos ponemos nuestras pecheras fucsia que tanto nos caracterizan. Anécdotas hay miles, recuerdos los más lindos: los mensajes de los peregrinos, los abrazos de mis amados jóvenes cada vez que los recibo en cada parada, las famosas milanesas que preparan las “Chicas de la Noche de la Caridad”, los masajitos en los pies y el caldito reconfortante en Rodríguez! Hacer litros y litros de jugo, bajar y subir mochilas, contar una y mil veces si están todos los peregrinos y todo eso siempre con el foco que nos convoca: llegar a la CASA de nuestra MADRE.
Este año ya me encuentra un poco más cansada físicamente y mi servicio no será de día entero, pero como les digo siempre a los peregrinos, cada uno llega como puede: caminando, en micro, trayecto completo o no, lo importante es llegar y ofrecer todo ese servicio a sus pies”.
Melina Oranges, 50 años, Villa Martelli
“Nuestro puesto sanitario y de apoyo es el número 13, se llama ‘Re-unidos por María’, pertenece a la Comisión de Piedad Popular, que organiza la peregrinación, y estamos en Francisco Álvarez.
Empezamos con la organización en agosto, convocando a los servidores y viendo que tenemos de infraestructura. Y ahí se comienza a pedir donaciones de todo tipo.
La puesta a punto del puesto es muy compleja porque cuando llegamos al lugar no hay absolutamente nada, se arma de cero: paredes, techos, gazebos, carpas, equipo de radio, consultorio, la cocina con anafes y garrafas.
Nuestro puesto es sanitario porque tenemos equipo médico que atiende continuamente, desde curar una ampolla hasta cuadros de deshidratación, o reacciones alérgicas -entre otras muchas urgencias- y traslado en ambulancia en caso de requerir. Y de apoyo porque brindamos mate cocido, caldo, agua, galletitas, turrones, fruta, todo de forma gratuita con lo que se consiga de donaciones.
Aproximadamente, somos unas 60 personas de todas las edades, con todo tipo de profesiones: profesionales, médicos, emergentólogos, enfermeros, operador de radio, estudiantes de tecnicatura de emergencias.
Funcionamos desde las 5 de la mañana del sábado hasta las 3 de la mañana del domingo.
En lo personal, soy servidora desde los 16 años. Es muy emocionante poder ayudar al peregrino a seguir avanzando y llegar a la casa de la Madre.
Como anécdota, recuerdo que el año pasado, el camión de Aysa se equivocó y justo entró por la calle de nuestro puesto y aprovechamos y le pedimos toda el agua posible (llenamos nuestra cisterna de 300 litros y como cien bidones)
¿Qué es lo más lindo y lo más difícil de la tarea? Lo más difícil es ver familias con chicos muy chiquitos. Lo más lindo es el agradecimiento de la gente hacia los servidores.
Ser servidor es una misión que no deja de emocionar y, año tras año, nos vamos con el signo de la bendición de las manos que nos hace días antes el Arzobispo de Buenos Aires en la Iglesia de San Cayetano en Liniers. Es nuestra misa de envío…de envío al servicio al peregrino».
Nadia Bordón, 36 años, Florencio Varela
“Soy técnica en Emergencias Sanitarias y Desastres, de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, y soy voluntaria del puesto sanitario número 13, como parte de un gran equipo que integran estudiantes, colegas y profesores de la universidad.
Nos preparamos con mucho entusiasmo, juntando donaciones para poder asistir a los peregrinos: desde insumos médicos para curaciones de ampollas hasta mate cocido y galletitas.
Mi mamá es catequista en Quilmes y siempre tuve un vínculo con la Iglesia. Soy muy creyente y, para mi, es un honor poder tener la oportunidad de ayudar a los peregrinos que, quizás, con una ayuda nuestra por más pequeña que sea puedan lograr llegar a ver a la Virgencita. Ser parte de su camino me emociona mucho.
Lo más lindo es ayudar al prójimo, a los peregrinos en su recorrido de fe hacia la basílica y poder contribuir a que logren el objetivo o simplemente dar un poco de aliento o escuchar.
Es el primer año que colaboro en este puesto como servidora y creo que va a ser una experiencia increíble que me la voy a guardar siempre en el corazón y espero poder volver el año que viene”.